¿A cuánta gente conoces de verdad?
Ubicar a alguien y conocerlo no son lo mismo.
Lo pregunto en serio, porque casi siempre confundimos las dos cosas. Y la diferencia salta justo cuando empiezas un camino nuevo. Ahí la gente te juzga, o derechamente te ignora. La razón es sencilla: te guardaron en una caja metal. Tienen una imagen tuya congelada, de quién eras hace tres o cinco años, y actualizar esa imagen les incomoda.
Cuando decides moverte y crecer, te vuelves un espejo. El que te mira desde su propia quietud siente algo raro frente a tu movimiento. Y su mente prefiere ignorar tu versión nueva antes que mirar su propio estancamiento. Es más cómodo dejarte como estabas.
Pero la vida no se queda quieta para nadie. Lo único que no cambia es que todo cambia. Y aun sabiéndolo, nos cuesta movernos. Por eso repetimos eso de “si quieres resultados distintos, tienes que hacer cosas distintas”, aunque hacerlo de verdad sea otra cosa, y pocos se atrevan.
Porque hacer algo distinto de verdad es romper con lo que dabas por sentado. Soltar el lugar seguro, partir de cero en algo que no controlas. Cambiarte de empresa para seguir en el mismo trabajo no cuenta. Esa ruptura es la que te conecta con un propósito que antes ni veías.
Y ahí te das cuenta de algo. La mayoría de la gente solo te ubica. Y esa palabra lo dice todo, porque ubicar viene del latín ubi, que significa dónde. Ubicar a alguien es saber dónde ponerlo: en qué casilla, en qué recuerdo, en qué caja. La gente sabe de qué trabajabas, qué música escuchabas, qué hacías un fin de semana. Saben tu ubicación, no a ti.
Conocer viene de otra parte. Del latín cognoscere: el prefijo co, que es con, junto, y gnoscere, saber. O sea, saber junto a alguien. Acercarte tanto que llegas a saber quién es. Qué lo mueve hoy, qué sueña, qué le enciende el alma ahora, no hace cinco años.
Ahí está toda la distancia entre las dos palabras. Una te pone en un lugar. La otra se acerca. Ubicar es saber dónde estás. Conocer es saber quién eres.
Date permiso para cambiar, y dejar atrás esa versión tuya que ya caducó. Cuando te sueltas de lo que esperan los que solo te recuerdan, abres espacio para encuentros reales.
Y volvemos al principio: ¿a cuánta gente conoces de verdad, y a cuánta solo ubicas?
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